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BONE MUSIC

Durante décadas, la Unión Soviética prohibió el pop, el jazz y el rock and roll. Pero un grupo de apasionados por la música encontró una solución insólita: grabarla «en los huesos».

Durante la Guerra Fría, el Estado soviético ejercía un férreo control sobre la música que la población podía escuchar. Sin embargo, una red clandestina de contrabandistas y amantes de la música desafió la censura, dando origen a una de las formas más ingeniosas de distribución musical de la época.

En 1946, Ruslan Bogoslavskiy y Boris Taigin descubrieron un método para copiar discos. Reunieron piezas de herramientas, taladros y antiguos gramófonos para construir una máquina capaz de grabar música.

Pero el verdadero desafío era encontrar un soporte donde registrarla. La solución fue tan inesperada como brillante: utilizar radiografías desechadas. Fabricadas en un plástico lo suficientemente flexible, podían ser cortadas y grabadas con la máquina, dando origen a los famosos bone records o «discos sobre huesos».

El resultado era tan poético como sorprendente: una radiografía de unas costillas fracturadas podía reproducir un tango ruso; una pelvis mostraba las melodías de un musical de Broadway; y un cráneo humano servía de soporte para el jazz estadounidense. Allí donde el régimen veía imágenes médicas destinadas al olvido, estos músicos encontraron una forma de preservar la libertad de escuchar.